La idea de ayudar a una persona con depresión a través de actividades diarias se basa en algo muy importante: cuando una persona está deprimida, normalmente deja de hacer muchas de las cosas que antes le daban estructura, satisfacción, contacto con otras personas o sentido a su vida.
Cabe señalar que esto no sustituye la terapia, es un complemento que se debe llevar a la par de la misma, considerando el acompañamiento como parte esencial del progreso que se busca.
El problema es que esto puede convertirse en un círculo difícil de romper:
La persona se siente mal → tiene menos energía → deja de hacer actividades → se aísla → siente que no logra nada → se siente todavía peor.
Por eso, en este tipo de intervención no se espera a que la persona vuelva a tener motivación para comenzar a actuar. Muchas veces ocurre al revés: primero se comienza con pequeñas acciones y, poco a poco, la motivación y la energía pueden empezar a regresar.
Plan de trabajo basado en la activación diaria
1. Empezar con cosas pequeñas
Uno de los errores más comunes es poner objetivos demasiado grandes.
Decirle a una persona deprimida que debe hacer ejercicio todos los días, salir constantemente o recuperar inmediatamente su vida social puede generar todavía más frustración.
Es mejor comenzar con objetivos sencillos:
- Levantarse y bañarse.
- Vestirse, aunque no tenga planes de salir.
- Tender la cama.
- Caminar 10 o 15 minutos.
- Comer a horarios más o menos establecidos.
- Ordenar una pequeña parte de su habitación.
Lo importante es que la persona pueda experimentar: “Sí pude hacer algo hoy.”
2. Recuperar una rutina
La depresión muchas veces desorganiza completamente el día. Se duerme a diferentes horas, se permanece mucho tiempo en la cama y las actividades comienzan a desaparecer.
Por eso, al principio conviene establecer una estructura sencilla.
No tiene que ser un horario rígido. Basta con recuperar algunos puntos de referencia:
Por la mañana: levantarse, asearse y realizar una pequeña actividad.
Durante el día: hacer alguna tarea útil o productiva.
Por la tarde: incluir algo agradable o salir un poco de casa.
Por la noche: descansar y prepararse para dormir.
La rutina da estructura cuando emocionalmente la persona siente que ha perdido el control.
3. Incluir actividades que generen bienestar
No se trata solamente de mantener a la persona ocupada.
Hay que ayudarle a recuperar actividades que puedan generar algún grado de placer o tranquilidad.
Por ejemplo:
- Escuchar música.
- Ver una película.
- Leer.
- Cocinar.
- Caminar al aire libre.
- Cuidar una planta o una mascota.
- Tomar un café.
- Dibujar.
- Escuchar un podcast.
Aunque al principio diga: “Ya nada me gusta”, puede realizar la actividad sin esperar sentir entusiasmo.
Después puede preguntarse:
¿Cómo me sentía antes de hacerlo y cómo me siento ahora?
A veces la mejoría es pequeña, pero esos pequeños cambios son importantes.
4. Recuperar poco a poco el contacto con otras personas
La depresión suele llevar al aislamiento.
No es necesario obligar a la persona a asistir inmediatamente a reuniones o eventos sociales. Es mejor hacerlo de manera gradual.
Por ejemplo:
Primer paso: enviar un mensaje a alguien.
Segundo paso: hablar unos minutos por teléfono.
Tercer paso: salir a tomar un café con una persona de confianza.
Cuarto paso: participar nuevamente en alguna actividad social.
La idea es que vuelva a sentir conexión sin sentirse presionada.
5. Combinar tres tipos de actividades
Una estrategia muy útil es procurar que cada día tenga, en la medida de lo posible, tres tipos de experiencias:
Algo que disfrute
Aunque sea algo sencillo.
Algo que le haga sentir que avanzó
Terminar una tarea, ordenar algo, resolver un pendiente.
Algo que lo conecte con alguien
Una conversación, un mensaje o pasar tiempo con otra persona.
Este equilibrio es importante porque una persona puede estar ocupada todo el día y, aun así, sentirse vacía. No se trata simplemente de hacer más cosas, sino de recuperar experiencias significativas.
6. Recuperar el sentido de propósito
También es importante preguntarle:
¿Qué cosas siguen siendo importantes para ti, aunque en este momento no tengas ganas de hacerlas?
Puede ser:
- Su familia.
- Su salud.
- Sus hijos.
- Su trabajo.
- Aprender algo.
- Ayudar a alguien.
- La espiritualidad.
- Un proyecto personal.
Después se busca una acción pequeña relacionada con eso.
Por ejemplo, si para alguien la familia es importante, tal vez la acción sea llamar a un familiar. Si valora su salud, quizá sea caminar 15 minutos.
Esto ayuda a que la persona no actúe solamente para “quitarse la depresión”, sino para volver a acercarse a la vida que considera importante.
La regla del 5%
Una buena manera de trabajar es evitar grandes metas y preguntarse diariamente:
¿Qué puedo hacer hoy que me permita estar un poco más activo que ayer?
No tiene que cambiar su vida de un día para otro.
Si ayer permaneció todo el día en cama, hoy tal vez el avance sea levantarse, bañarse y sentarse un rato fuera de la habitación.
Si ayer no habló con nadie, hoy puede enviar un mensaje.
Si ayer no salió de casa, hoy puede caminar unos minutos.
Los avances pequeños, cuando se repiten, pueden producir cambios importantes con el tiempo.
La actitud de quien acompaña es fundamental
Hay que evitar frases como:
- “Échale ganas”.
- “Tienes que poner de tu parte”.
- “Antes no eras así”.
- “Tienes muchas cosas buenas, no deberías sentirte mal”.
Aunque tengan una buena intención, pueden hacer que la persona se sienta incomprendida o culpable.
Es mejor transmitir algo como:
“No tienes que resolver toda tu vida hoy. Vamos a concentrarnos solamente en el siguiente paso.”
La activación debe ser gradual, realista y constante.
Y algo importante: si la persona presenta una depresión intensa, pensamientos de muerte o suicidio, incapacidad importante para realizar sus actividades básicas o un deterioro considerable, este tipo de plan no debe sustituir la atención de un psicólogo o psiquiatra.


Debe estar conectado para enviar un comentario.